En esto momentos, a esta hora,
en un país o en una ciudad,
acaba de morir un niño,
sin vestiduras ni rostro.
Pobre ser sin vida !!
Su cuerpo es una alegoría del hambre
y la miseria
que llama desesperado a oídos sordos.
Su madre le llora en silencio,
con otro ser en sus entrañas.
Piensa entre la vida y la desesperación,
entre la angustia y las oleadas de aliento.
Medita sobre la suerte de su retoño
que ahora espera en su vientre.
¿Será cómo la del otro? - se pregunta-
¡No!, antes mí cuerpo cabalgará
sobre el vacío -exclama-,
hasta desparramarse en una unión universal
sin fin....
Sus pies se han puesto en movimiento,
de pronto ya no sienten el suelo,
la luz se ha ido presurosa
sin que ya la pueda guardar
en el baúl del recuerdo.
Después, otros pasos,
primero sonoros,
después vacíos.
Al final sólo una voz,
espera María que voy contigo.
En estos momentos, a esta hora,
en un país, en una ciudad,
o en cualquier lugar,
la muerte ha dejado de tener importancia.
Y si escuchamos la voz del viento,
nos parecerá captar un lamento
que nos acaricia,
suave,
penetrante,
profundo,
son las piedras del barranco sin nombre.
1980

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